El Gran Capitán
El Gran Capitán

Paradigma del espíritu castellano

Retrato ecuestre del Gran Capitán. María José Ruiz

Índice

1.- El Gran Capitán: Castilla y el espíritu castellano.

2.- ¿Cúando, dónde y cómo surgió el espíritu castellano?

* El componente astur-leonés: La fuerza que vino del norte.

* El componente mozárabe: La fuerza que vino del sur.

* El componente jacobeo: La fuerza que desde el Este caminaba hacia Compostela.

3.- ¿Cómo evolucionó?

4.- ¿Cúales son los rasgos más genuinos del espíritu castellano en el siglo XV? ¿Se perciben en la figura del Gran Capitán?

* Fuerza, vigor, valentía, audacia.

* Honradez, lealtad, honor, resignación.

* Cultura

* Religiosidad – Misticismo

5.- La proyección del espíritu castellano a partir del siglo XVI.

6.- El declive de Castilla: Rasgos del espíritu castellano en los siglos XIX y XX.

7.- Recuperación económica, democracia y Estado Autonómico.

8.- Lo castellano, lo español y lo hispano.

1.- EL GRAN CAPITÁN: CASTILLA Y EL ESPÍRITU CASTELLANO

El Gran Capitán, aun siendo cordobés de Montilla, es un produzco acabado del espíritu castellano porque en la época en que nació (1453), Córdoba pertenecía a Castilla y Don Gonzalo servía fielmente a su reina, Isabel la Católica.

La afirmación de que Don Gonzalo es paradigma del espíritu castellano obliga a indagar mínimamente sobre el origen y características del mismo. Las preguntas que se plantean son las siguientes:

¿Cuándo, dónde y cómo surgió este espíritu?

¿Cómo evolucionó?

¿Cuáles son sus rasgos más genuinos?

¿Se mantiene en la actualidad?

¿Qué relación existe entre lo castellano, lo español y lo hispano?

2.- ¿CUÁNDO, DÓNDE Y CÓMO SURGIÓ EL ESPÍRITU CASTELLANO?

La primera referencia a Castilla, como entidad individualizada dentro del Reino de León, se produce con el Conde Fernán González, fundador del Condado de Castilla (970) con capital en Covarrubias. En el año 1065, a la muerte de Fernando I, su primogénito Sancho se convirtió en el primer Rey de Castilla como entidad política autónoma y distinta del reino de León.

Pero no es de Castilla como territorio o división política de lo que quiero ocuparme, sino de su espíritu, el conocido como “espíritu castellano”. Su germen se encuentra antes, a finales del Siglo IX, en una franja que desde los Montes de León discurre hasta el llano, jalonada por las fértiles vegas del Esla, del Porma, del Órbigo, hasta la del Carrión.

Sí, puede afirmarse que “En el viejo reino de León, nació el espíritu castellano” Ocurrió un fenómeno singular. Concurrieron en este territorio y en este tiempo tres culturas, las tres cristianas pero de muy distinto carácter:

    • El componente astur-leonés. La fuerza que vino del Norte.

La fuerza conquistadora astur venida del norte, acaudillada por Alfonso III con su impronta de ambición, destreza y vigor. Alfonso III el Magno es el Rey reconquistador por excelencia. Durante su reinado (866-910) hizo avanzar la reconquista desde Asturias hasta el Duero (Zamora). En torno al año 870 se encontraba el Rey aún en la montaña leonesa.

    • El componente mozárabe. La fuerza que vino del Sur

La primera gran “emigración-huida” de mozárabes andaluces tuvo que ver con un acontecimiento muy relevante, la muerte en Córdoba de San Eulogio (859), caudillo de los mozárabes de esta ciudad.

Eulogio nació en torno al año 800 en una casa acomodada situada en el barrio de los tiraceros (bordadores) siendo bautizado a los pocos días en la cercana iglesia de San Zoilo, su parroquia. Pertenecía Eulogio a una rancia familia descendiente de los antiguos senadores hispanorromanos, según nos relata Fray Justo Pérez de Urbel.

Conservaban viva la llama del cristianismo y vivían humillados bajo la dominación musulmana.

Por estas fechas muchos de los cristianos se habían convertido formalmente al Islam, aunque bastantes de ellos seguían fieles a las enseñanzas de Cristo en su corazón. Entre los que permanecían fieles al culto de Cristo, una facción buscaba el entendimiento con los árabes, mostrándose sumisos y complacientes con sus comportamientos y actitudes.

Eulogio en cambio, abanderó la opción del cristianismo más auténtico e intransigente con el Islam. Ello le valió no sólo la persecución de los árabes, sino también las críticas e incluso el desprecio de algunos compañeros de fe. Eulogio y sus seguidores provocaban con frecuencia las iras de los gobernantes árabes quienes se vieron obligados a dar muerte a algunos de ellos que por ello son conocidos como “Los mártires voluntarios de Córdoba”.

Finalmente el día 11 de Marzo del año 859 el propio Eulogio fue ejecutado. La noticia de su muerte provocó una profunda conmoción. El pueblo mozárabe de Córdoba vivió una terrible encrucijada. Muchos monasterios fueron abandonados y los monjes y muchos cristianos huyeron y se refugiaron en los territorios cristianos del norte donde la reconquista estaba dando sus primeros pasos. Aguilar Gavilan señala como una de las causas que puso en peligro la existencia misma del régimen Omeya, «La insubordinación de los mozárabes enardecidos por la ejecución de Eulogio y su emigración en masa a los reinos cristianos del Norte».

Uno de los lugares donde recalaron los monjes cordobeses fue en San Miguel de Escalada donde construyeron una Iglesia de estilo mozárabe.

Vicente Lampérez y Romea en su “Historia de la Arquitectura Cristiana en la Edad Media” señala  lo siguiente:

“En la segunda mitad del siglo IX, los monjes cordobeses que venían huyendo de las persecuciones de Abderraman II, con el Abad Alfonso a la cabeza, levantaron allí o restauraron una pequeña iglesia con la protección de Alfonso III el Magno, más creciendo el número de monjes hubieron de fabricar otra..”

Francisco Javier SIMONET en su Historia de los Mozárabes escribe:

“En el reinado de Don Alfonso (Alfonso III el Magno), unos monjes emigrados de Córdoba con su Abad, fundaron el Monasterio de San Miguel de Escalada, en tierras de León….

 Los monjes fugitivos albergados primero en un antiguo edificio medio arruinado y reparado por ellos, emprendieron más tarde, en 912, la construcción de la actual iglesia, aprovechando materiales de época romana y dando cima a la obra, sin auxilio ajeno, en el plazo de doce meses”

San Miguel de Escalada. Consagrada Año 912

Los monjes eran portadores de la cultura romana que mantenían muy viva, así como de los saberes cultivados en Al Andalus, su arte, sus costumbres y sus devociones.

Algunos de estos monjes se quedaron en las montañas donde fundaron pequeñas ermitas que aún conservan la advocación de mártires cordobeses, como la ermita rupestre de “San Acisclo” en la localidad de Arroyuelos (Valderredible, Cantabria)

Ermita rupestre de San Acisclo

Otros acompañaron a Alfonso III el Magno en la reconquista y se fueron asentando en los territorios liberados.

Así, no muy lejos de San Miguel de Escalada, está bien documentada la fundación en Sahagún, en el año 872, de otro Monasterio mozárabe. Dicen las crónicas que Alfonso III el Magno restauró la vida monástica en el Monasterio de San Facundo y San Primitivo, encomendado tal obra al Abad Adefonso, que se encontraba en Sahagún con sus frailes, después de huir de Córdoba.

Muy poco después sucedería lo mismo en Carrión (875), con la fundación del pequeño cenobio llamado de San Juan Bautista o San Juan de allende el río:

Martín Ramírez dice en su “Historia de Carrión”

“La fundación de San Juan Bautista, de allende el río, como se llamó en su primera fundación, se dice fue debida a los monjes Benitos que venidos de Córdoba en la general invasión árabe huyendo de sus amenazas, se cobijaron en las montañas circunvecinas.»

En el año 900 Don Alfonso entró en Zamora.

    • El componente jacobeo. La fuerza que desde el Este caminaba hacia Compostela

Santiago fue el primer Apóstol que dio su sangre por Cristo. Era el año 44, reinando en Jerusalén Herodes Agripa.

Los Hechos de los Apóstoles relatan el suceso de modo muy escueto (Hechos 12-2):

Por aquél tiempo el rey Herodes echó mano de algunos de la Iglesia para maltratarlos.

Hizo morir por la espada a Santiago, el hermano de Juan.

A finales del Siglo VIII, (795?) un Monje, “El Beato de Liébana”, del Monasterio de San Martín de Turieno (actualmente Monasterio de Santo Toribio de Liébana), escribió un himno donde por primera vez se alude al Apóstol Santiago como cabeza de España. Dice Así:

¡Oh Apóstol Dignísimo y Santísimo!

Cabeza refulgente y dorada de España,

Defensor poderoso y Patrono especialísimo!

Muy poco después, en el año 813 se produce la invención (descubrimiento) de sus Santos Restos en Iria Flavia. Según la tradición, un ermitaño llamado Pelayo, pudo observar como una guirnalda de estrellas bajaba del cielo y señalaba un lugar determinado. Una voz interior le decía que allí pudiera encontrarse la sepultura del Apóstol Santiago por lo que puso el hecho en conocimiento del Obispo Teodomiro.

Acudió el Obispo al lugar acompañado del ermitaño y, dentro de una cueva encontraron u arca del mármol con los restos del apóstol junto a otros dos cuerpos (Atanasio y Teodoro). El Obispo acudió al Papa y León III dio a conocer al mundo la noticia.

Alfonso II el Casto, Rey de Asturias, se apresuró a mandar construir una Iglesia sobre su tumba y a proclamar al Apóstol como Patrón de su Reino (Oviedo, 829).

A partir de este momento comienzan las peregrinaciones a Santiago que alcanzarán su culmen en los siglos XII al XIV. Ya a finales del Siglo IX el número de peregrinos era apreciable. Caminaban desde todos los puntos de la cristiandad (entonces reducida al sur y centro de Europa) abriendo a su paso los ojos de los habitantes de las recias tierras peninsulares, hacia otras realidades, generando a su paso una coalición del poder espiritual y temporal con el común propósito de favorecer su llegada a Santiago y su retorno.

En suma, en el último cuarto del Siglo IX, en territorios del viejo de León, concurrieron las tres fuerzas anteriormente expuestas. Cada uno aportó lo más genuino de su carácter, dando lugar a un espíritu más complejo, más equilibrado, más rico, el espíritu castellano.

  • 3.- ¿CÓMO EVOLUCIONÓ?

Durante los siglos siguientes este germen no hará sino crecer:

Crecerán las sucesivas oleadas de monjes mozárabes haciendo visible su presencia en todos los reinos del Norte, desde Galicia hasta Cataluña y sur de Francia.

Crecerá de modo extraordinario el número de peregrinos hasta contarse por cientos de miles en los siglos XII-XIV, como ya se ha dicho

Por su parte, el impulso reconquistador proseguirá imparable.

La Castilla que creció desde Zamora (Castilla niña) prosiguió su avance alcanzando el Tajo con la entrada en Toledo por parte de Alfonso VI en el año 1086 (Castilla joven).

En el año 1236 Fernando III el Santo conquistó Córdoba y después Sevilla (1248) ampliando Castilla hasta el Guadalquivir (Castilla mujer)

En el año 1492 los Reyes Católicos entraron en Granada culminando el proceso reconquistador y reuniendo bajo su corona el amplio territorio peninsular. Entonces Castilla y España se convirtieron en una misma cosa.

4.- ¿CUÁLES SON LOS RASGOS MÁS GENUINOS DEL ESPIRITU CASTELLANO EN EL SIGLO XV? ¿SE PERCIBEN EN LA FIGURA DEL GRAN CAPITÁN?

* Fuerza, vigor, valentía, audacia.

* Honradez, lealtad, honor, resignación.

* Cultura

* Religiosidad – Misticismo

      • FUERZA, VIGOR, VALENTÍA, AUDACIA

La reconquista necesitó de hombres aguerridos, duros en la batalla. La mítica castellana está nutrida de esforzados guerreros entre los que destaca el Cid Campeador, Fernando III el Santo, etc…

El Gran Capitán participa de éste carácter. Se cuentan por decenas las hazañas protagonizadas a lo largo de su extensa vida militar, primero en España que culminan con la reconquista de Granada y después en Italia (Ceriñola, Garellano, etc…)

Como se señaló en la nota inicial a este trabajo, la figura de Don Gonzalo Fernández de Córdoba, “El Gran Capitán” ha sido estudiada de modo extensísimo en el ámbito militar, como uno de los más grandes estrategas bélicos. Su aportación en este ámbito es extraordinaria y para los militares españoles, una figura de culto.

      • HONRADEZ, LEALTAD, HONOR, RESIGNACIÓN

Se trata de un conjunto de notas relacionadas que interactúan entre sí.

Se parte de la honradez como cualidad de fondo que lleva consigo la lealtad, el cumplimiento de la palabra dada, el servicio sacrificado.

Sin embargo la lealtad se hace compatible con una “zona exenta”, “zona privada” sobre la que no se consiente ofensa sin respuesta.

Lo expresó bien Calderón de la Barca por boca de Pedro Crespo en “El Alcalde de Zalamea”

“Al Rey la hacienda y la vida se ha de dar

pero el honor es patrimonio del alma

y el alma solo es de Dios”

En el Cantar de Mío Cid, el mito guerrero castellano por excelencia, Don Rodrigo Díaz de Vivar aparece enfrentado a este profundo sentimiento que le lleva en Santa Gadea de Burgos (“Do juran los hijosdalgo”) a tomar juramento a Alfonso VI sobre su relación con la muerte de su hermano Sancho

Las juras eran tan recias

que al buen rey daban espanto.

Villanos te maten, rey,

villanos, que no hidalgos;

….

mátente por las aradas,

no en camino ni en poblado;

con cuchillos cachicuernos,

no con puñales dorados;

sáquente el corazón vivo,

por el derecho costado,

si no dices la verdad

de lo que te es preguntado:

si tú fuiste o consentiste

en la muerte de tu hermano.

Como sabemos después vino la represalia, el destierro, pero el honor del Cid quedó intacto:

¡Vete de mis tierras, Cid,

mal caballero probado,

y no me entres más en ellas,

desde este día en un año!

 Que me place —dijo el Cid—.

que me place de buen grado,

por ser la primera cosa

que mandas en tu reinado.

Tú me destierras por uno

yo me destierro por cuatro.

El Gran Capitán también fue herido en su honor. Su relación con Fernando el Católico siempre fue difícil. El Rey vio en Gonzalo una amenaza. Su prestigio podía aglutinar en torno a él a la vieja nobleza castellana recién desposeída de títulos y prebendas. El desencuentro más recordado se produce con motivo de pedirle el Rey Católico cuentas al Gran Capitán tras la conquista de Nápoles (1506)

Los historiadores ponen en duda que tal hecho se produjese. Lo que es cierto es que a la conciencia colectiva ha pasado la airada respuesta de Don Gonzalo en los siguientes términos:

«Por picos, palas y azadones, cien millones de ducados…

Por limosnas para que frailes y monjas rezasen por los españoles, ciento cincuenta mil ducados…

Por guantes perfumados para que los soldados no oliesen el hedor de la batalla, doscientos millones de ducados…

Por reponer las campanas averiadas a causa del continuo repicar a victoria, ciento setenta mil ducados…

Y, finalmente, por la paciencia de tener que descender a estas pequeñeces del rey a quien he regalado un reino, cien millones de ducados…».

Tampoco cumplió el Rey Católico la solemne promesa que le hizo de concederle el Maestrazgo de Santiago.

Durante el primer semestre del año 1506, conocedor Gonzalo de comentarios en contra de su persona salidos de la corte en el sentido de que quería ser Rey de Nápoles, cruzó cartas con Don Fernando en las que le pedía que le relevase de su cargo de Virrey y le devolviese a España concediéndole el cargo de Maestre de la Orden de Santiago, (cosa que había “jurado por Dios nuestro Señor, por la cruz y por los cuatro Santos Evangelios” dar a Gonzalo delante de numerosos testigos y en varias ocasiones).

El Maestrazgo nunca fue concedido, solo le otorgó la ciudad de Loja donde el Gran Capitán se retiró a esperar la muerte. Pero el episodio real, más triste y humillante fue el derribo por orden del Rey de la casa de Don Gonzalo en Montilla

En 1508 a causa de un agravio que hizo un sobrino de Gonzalo al rey Fernando El Católico, éste, como castigo, ordenó la demolición del Castillo de Montilla, la casa familiar de los Fernández de Córdoba, donde había nacido Gonzalo y se había criado de niño.

El rey no hizo caso a las súplicas de Gonzalo, su Gran Capitán, súplicas que también le llegaron de casi toda la nobleza de España.

No quedó una piedra sobre otra del Castillo de Montilla, los campos de cultivo también fueron arrasados. Dicen unos versos de Juan del Encina que:

Todo bien, que bien se llama

pasa presto, y su memoria.

Menos la fama y la gloria.

Si comparamos estos dos paradigmas del espíritu castellano, Don Rodrigo Díaz de Vivar y Don Gonzalo Fernández de Córdoba, encontraremos que en cuanto fama y gloria el primero sale ganando en la medida que goza de un cantar de gesta, se encuentra enterrado en medio del crucero de la catedral de Burgos.

Pero a nuestro Gran Capitán no le ha ido tan mal. Su memoria sigue muy presente en nuestro Ejército. Su recuerdo permanece en memoria colectiva, asociada a la idea de valor y honradez.

Se encuentra enterrado en el Real Monasterio de los Jerónimos de Granada. Con motivo del 500 aniversario de su muerte, se han multiplicado los actos de recuerdo y homenaje, empezando por Montilla, su localidad natal. Al morir Don Gonzalo (1515), su viuda recibió una carta amable de Don Fernando el Católico quien le sobreviviría apenas unas semanas.

      • CULTURA

En la alta Edad Media, en los territorios peninsulares del norte la cultura se guardaba en pequeñas dosis, en los monasterios.

En el sur las cosas eran distintas. Desde antiguo cruce de caminos, puertos donde recalaban muchos navegantes. La bética fue plenamente romanizada y Córdoba en concreto no cayó en manos del dominio visigodo hasta el año 571 con Leovigildo.

Una figura como San Isidoro de Sevilla (Siglo VII) o como San Eulogio de Córdoba (Siglo IX) eran impensables en los recios territorios cantábricos donde solo algunos monjes o ermitaños (muchos venidos del sur) conservaban las obras de los clásicos. Precisamente Eulogio de Córdoba, en el viaje que realizó en el año 845 en busca de sus hermanos (mercaderes) a quienes se había perdido la pista allende los Pirineos, da cuenta de la vida de los Monasterios y de las textos que encontró en ellos.

Desde finales del Siglo IX, la progresiva emigración de mozárabes y su asentamiento en las tierras reconquistadas va a suponer un reforzamiento cultural de estas tierras.

Con el tiempo Reyes y nobles van a sumar la cultura a sus cualidades guerreras. Quizás el ejemplo más importante lo represente Alfonso X el Sabio (1221-1284) en quien el elemento cultural sobrepasa con creces el elemento guerrero, lo cual resulta paradójico siendo hijo de Fernando III el Santo, máximo guerrero y reconquistador después de Alfonso III el Magno. La Historia tiene estos caprichos.

Lo cierto es que a partir del Siglo XIII la cultura es un elemento perceptible en Castilla y en sus nobles. Recordemos a un nieto del Rey Sabio, el Infante Don Juan Manuel (1282-1348) o a Don Iñigo López de Mendoza, Marqués de Santillana (1398 -1458) en quien armas y letras se fundirán de modo admirable.

Así le describe Hernando del Pulgar:

Era hombre agudo y discreto,

de tan gran coraje,

que ni las graves cosas le alteraban

ni en las pequeñas le hacía placer entender.

 Fablava muy bien

fue muy templado en comer y en beber

tuvo en su vida dos notables ejercicios

Uno en la disciplina militar

otro en el estudio de la ciencia.

El Gran Capitán fue un hombre culto, así se desprende del estudio de su vida y de las crónicas de sus hazañas. Se sabe que leía a Erasmo y que llevó consigo uno de los libros más importantes de este autor el “Enchiridion Militiis Christiani” (1503) conocido también como “El Manual del soldado cristiano”, guía de conducta como siglos atrás lo fuera el “Manual de Vida” de Epícteto.

      • RELIGIOSIDAD – MISTICISMO

Son dos notas inseparables del carácter castellano. Los territorios del norte sí fueron ampliamente cristianizados. A partir de su conversión del arrianismo, los visigodos fueron reyes que abrazaron sin tacha la fe de Cristo.

En esto, cuando llegaron los mozárabes no hubo confrontación de fe sino diferencia de ritos. El rito mozárabe pervivió muchos años sobre todo en Toledo.

Algunos monjes avanzaron desde la religiosidad al misticismo que desarrollaron en la soledad de conventos o ermitas. Quiero destacar que también hay un “misticismo de la tierra”, del paisaje.

Las estepas, con sus adustos paisajes y rigores, generan profundos sentimientos de introspección. Es perceptible la admiración que despertó en nuestros autores de la generación del 98. (Azorín, Pio Baroja, Unamuno. Antonio Machado). Parejo sentimiento de fascinación por los espacios esteparios la encontramos en algunos autores rusos de (Tolstoi, Doctoievski)

El Gran Capitán fue un caballero religioso, siendo esta una característica poco destacada de su figura. Este aspecto ha sido estudiado por Isidro Rodríguez Rodríguez en su trabajo: “El Gran Capitán Peregrino: “La espiritualidad de un caballero renacentista, a través de sus crónicas”

En el Gran Capitán concurren y se entremezclan los caracteres del espíritu castellano de la época. A saber:

* El vigor, valentía y audacia guerrera, en tiempos expansivos de victorias y reconquistas.

* La honradez, la lealtad compatible con la defensa de su honor y la resignación ante las consecuencias de tales virtudes.

* La cultura

* La religiosidad

5.- LA PROYECCIÓN DEL ESPIRITU CASTELLANO A PARTIR DEL SIGLO XVI

Al tiempo que muere D. Gonzalo (1515) nace Santa Teresa. El Rey Católico morirá al año siguiente.

Después vendrá la “Guerra de las Comunidades” (1520-1522), levantamiento armado de las ciudades castellanas contra el Emperador Carlos I al comienzo de su reinado acaudillado por los tres célebres comuneros “Padilla, Bravo y Maldonado”. La derrota de la sublevación supuso la neutralización definitiva de la nobleza frente al autoritarismo del triunfante Emperador.

Muchos de los caracteres más fuertes de la hidalguía castellano pusieron sus ojos y su esfuerzo en el nuevo mundo y en su conquista. Así, Castilla se vio desprovista de la iniciativa de sus más esforzados hombres.

En el año 1554 se produjeron dos acontecimientos notables:

    • La primera derrota de los soldados españoles en tierras americanas (Batalla de Tucapel, Chile). La derrota venía a acabar con un mito, la invencibilidad de los españoles.
    • Al tiempo que la derrota señalaba el comienzo del declive de “las armas”, a varios miles de kilómetros, en Ávila, en el convento de la Encarnación se producía un acontecimiento de enorme trascendencia, “la conversión de Santa Teresa”, entendida esta como “iluminación”, “sentido”, “encuentro” ante aquél Cristo ante el que se encontraba rezando en la Cuaresma de ese año “Era un Cristo muy llagado”, dirá.

Así, las dos almas de Castila se entrelazan y al vigor guerrero que retrocede, sucede el vigor místico que despega.

En los años venideros aún esperaban a ambas almas muchas batallas.

Bajo el reinado de Felipe II España terminó de forjar un Imperio y allí donde llegó (Países Bajos, Iberoamérica, Filipinas), llegó el espíritu castellano/español perceptible aún en la actualidad. En este siglo la mística castellana alcanza su cumbre (Santa Teresa – San Juan de la Cruz) 

El siglo XVII se caracterizó por la profunda crisis padecida por Castilla/España en muchos aspectos.

La economía se desplomó influida por el retroceso de la agricultura, motivada en parte por la expulsión de los moriscos, hábiles agricultores. El 95% de las tierras estaban concentradas en las clases privilegiadas (nobleza y clero) con muy baja rentabilidad.

Son años de hambre y desesperación lo cual provoca fuertes tensiones sociales aplacadas por la coalición del poder con el clero y la nobleza. Desde finales del Siglo XVI hasta mediados del Siglo XVII España perdió casi la cuarta parte de su población.

Como contraste hay que señalar la vitalidad y altura de la creación artística (Literatura, pintura, etc…) propia de nuestro denominado “Siglo de Oro”.

En el Siglo XVIII con la llegada de los Borbones (Felipe V) se empiezan a introducir en España ideas reformistas e ilustradas. Más tarde, los ideales proclamados por la Revolución Francesa serán severamente combatidos en España por el clero y la nobleza.

6.- EL DEFINITIVO DECLIVE DE CASTILLA: RASGOS DEL ESPÍRITU CASTELLANO, SIGLOS XIX Y XX.

Durante el Siglo XIX las pésimas condiciones de vida en el campo y la paulatina industrialización de la periferia, va a provocar un éxodo masivo hacia las ciudades. El mundo rural (Castilla) se empobrece hasta lo miserable, se reconcentra en si mismo, en sus tradiciones.

El siglo XIX es también tiempo de disgregación y nacionalismos. Castilla, en otro tiempo imperial y conquistadora. quedó marginada y tratada como una “madastra” de la que se presume en renegar, en vituperar.

Conocida es la afirmación de D. Claudia Sánchez-Albornoz:

“Castilla hizo a España y España deshizo a Castilla”

Hasta la primera mitad, el Siglo XX es un siglo de total postración y pesimismo alentado aún más por la pérdida de las últimas colonias (Cuba, 1898)

Los viejos mitos (místicos o guerreros) son sustituidos por el del “honrado labrador”. Es el agricultor de los cuadros de Vela Zanetti. Es el Sr. Cayo de Miguel Delibes. La ética dignifica la paupérrima estética de los personajes. La Castilla de Delibes es la crónica del abandono y de la tristeza.

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Campesino de Vela Zanetti

El Sr. Cayo

El Señor Cayo

RASGOS DEL ESPÍRITU CASTELLANO. SIGLOS XIX Y XX

En parte son coincidentes con los ya apreciados en los Siglos XV/XVI que se corresponde con la época mas pujante y gloriosa de un territorio entonces identificado políticamente como “España”. En otra parte, los rasgos o evolucionaron a aparecen como consecuencia necesaria de las adversas circunstancias sociales, económicas y políticas que sufrió el territorio y sus gentes.

Es preciso señalar también que algunos de los rasgos aparecen más acusados en los varones y otros en las mujeres. En todo caso, son mucho más apreciables en el medio rural que en las ciudades.

    • RESPETO A LA AUTORIDAD Y A LA LEY

Las crónicas más antiguas y recientes de los pobladores de Castilla hablan de “gentes bien mandadas”, nada dadas a la algarada y a la insumisión

    • HONOR, LEALTAD Y FALTA DE OLVIDO

“La palabra dada se guarda”

La traición de la lealtad no se perdona. En general no se perdonan las ofensas graves, lo que puede dar lugar a enemistades perpetuas entre familiares y vecinos, como ocurría en el caso del Sr. Cayo

    • ACUSADO SENTIMIENTO RELIGIOSO

La religiosidad tiñe las tierras castellanas. Las torres de sus iglesias son como una baliza que permite detectar los pueblos, de otro modo invisibles.

¡Qué sería de los pueblos de Castilla sin sus torres”

El sentimiento religioso lleva a la entrega sin límites:

Es de destacar la ingente cantidad de hombres y mujeres de Castilla que optaron por el sacerdocio, las misiones o la vida consagrada en el convento.

Por otro lado, la población en general participada de este sentimiento y devotamente en los ritos y celebraciones religiosas.

    • IGUALDAD

En Castilla no hay mucha diferencia de clases.

Suele decirse que:

“En Castilla nadie es más que nadie, tanto vale un Papa como un sacristán”.

    • UN POCO DE HIDALGUÍA

La expulsión de los judíos primero y de los moriscos después fue conformando, por exclusión”, la clase de los “castellanos viejos” que exhibían su pureza de sangre frente a los conversos o recién llegados. En este sentido se sentían “un poco hidalgos”

    • INDIVIDUALISTAS

En Castilla se dice:

“Cada uno en su casa y Dios en la de todos”

A diferencia de la España meridional la climatología limita mucho las ocasiones de hacer vida de calle, sobre todo por las noches que aún en verano suelen ser frías.

La vida se hace “puertas adentro” y las celebraciones “en la bodega” con el grupo de íntimos.

En el terreno de la economía y la industria la actitud individualista explica la gran dificultad que en Castilla encontró la creación de Cooperativas.

    • INMOVILISTAS

Que las cosas permanezcan “como siempre”, no inventar nada, se vive como una aspiración, como un valor.

Se dice:

“Cualquier mejora es peora”

El eterno retorno de las estaciones, de las celebraciones con sus ritos inalterados resulta enormemente reconfortante.

    • AUSTEROS

“Vivir con poco”

Lo impone la tierra y el clima. Se vive con poco, con lo imprescindible y lo prescindible es mucho.

    • DISCRECIÓN Y RECATO

“Haz buena harina y no toques bocina”

El castellano es poco dado a alardear y presumir. Si alguien lo hace se considerará que incurre en falta.

En el terreno de lo emocional En Castilla, especialmente los varones, manifiestan una gran dificultad para expresar sus sentimientos más íntimos, hasta extremos verdaderamente patológicos. Se cuenta de aquél marido amantísimo que al tiempo de fallecer su esposa sollozaba amargamente y manifestaba a su mejor amigo con sobrehumano esfuerzo:

¡La quería tanto, tanto…, que una vez estuve a punto de decírselo!

    • NADA SOFISTICADOS

Es complemento de la austeridad y la discreción.

No existe gran preocupación por el atuendo ni el aspecto exterior, ni interés por comidas novedosas, ni por la última exposición de arte. Mas bien al contrario, seguir las costumbres sencillas del día a día.

    • BUEN TONO, BUEN ÁNIMO Y SENTIDO DEL HUMOR

Más allá de lo dicho, instalado en las coordinadas de lo anteriormente expuestos los castellanos, varones y mujeres, son personas de buen ánimo y sentido del humor, con buen tono vital que se manifiesta en su folklore, relatos tradicionales, etc…

7.- RECUPERACIÓN ECONÓMICA, DEMOCRACIA Y ESTADO AUTONÓMICO

A partir de los años sesenta se produce una paulatina mejora de la situación económica que va a llegar a las capas medias de la ciudadanía.

Las carreteras van a empezar a verse transitadas por un pequeño artefacto, el Seat 600 para cuya adquisición había lista de espera de dos años, causa de los primeros préstamos solicitados por los hogares de clase media.

Después, la democracia y la promulgación de la Constitución de 1978 cambiaron completamente la faz del país.

En lo que ahora interesa, la democracia trajo el Estado de las Autonomías, que pretendía dar una respuesta equilibrada a la vieja cuestión de los nacionalismos. Para algunos territorios la solución se presentaba como insuficiente, para otros una pura ficción. Para Castilla resultaba perturbador por ser contrario a su natural inclinación a la expansión y “compartir lo suyo con otros”.

Se habló mucho de “hechos diferenciales” y a fuerza de hablar de ello los propios castellanos, acostumbrados a mirar lejos, se empezaron a mirar el ombligo y descubrieron las grandezas de su pasado, de sus personajes, de sus obras y sus gestas.

Verdaderamente en esto poca competencia se podía hacer a Castilla. Fue de este modo como fue surgiendo un sentimiento propio de aprecio, de orgullo y de pertenencia. De ahí se pasó al gusto por estudiar su historia, su folklore, su patrimonio.

Sí, paradójicamente, la reivindicación de lo castellano surge como consecuencia de la dinámica descentralizadora. Los distintos territorios, unos con fundamento, otros sin él, se lanzaron a hacer inventario de “hechos diferenciales” (quizás nunca como en esto el término “inventario” tenga una aplicación más literal)

En definitiva, por esta vía y aunque no de modo mayoritario, la cotización del sentimiento castellano ha experimentado una notable revalorización.

8.- LO CASTELLANO, LO ESPAÑOL Y LO HISPANO

    • LO CASTELLANO

Es lo propio de Castilla.

    • LO ESPAÑOL

Lo “español” es una mezcla que resulta de una doble combinación:

1.- Territorios

Es la suma de las aportaciones de todos los territorios que conforman España. Toda la riqueza resultante de sumar el carácter, el patrimonio, la historia y los hechos diferenciales propia de la cornisa cantábrica, Galicia, la cultura mediterránea, andaluza, etc….

El duro carácter castellano se suaviza y equilibra al contacto o combinación con otros caracteres menos severos. Las distintas combinaciones que pueden producirse entre todos ellos conforma los distintos caracteres españoles.

2.- Otras tradiciones

En la península ibérica, a lo largo de la historia han vivido muchas culturas. Resulta muy evidente la presencia de la tradición romana, de la cultura cristiana pero no puede olvidarse:

          • La influencia judía

Hasta su expulsión (Siglo XV) vivieron los judíos entre nosotros. Algunos de sus más grandes hombres son españoles como el cordobés Maimónides.

En el se perciben sentimientos y actitudes ya advertidos en Séneca y más tarde en Teresa de Jesús.

          • La influencia musulmana

Varios siglos de permanencia han dejado huella, especialmente en Levante y Andalucía. Españoles fueron filósofos como Averroes o poetas como Ibn al Arabi.

    • LO HISPANO

Alude a una realidad difusa formada por elementos presentes en los países donde España ejerció una más clara influencia, sobre todo en Iberoamérica y en Filipinas. En estos países la amalgama de lo español se mezcló con las peculiaridades culturales de los respectivos lugares.

En el ADN cultural de sus gentes, de sus tradiciones, se pueden encontrar algunos elementos del carácter castellano cuyo origen hemos situado a finales del Siglo IX en las tierras donde la última montaña leonesa se hace meseta en las fértiles vegas que discurren entre el Esla y el Carrión, al tiempo que los primeros peregrinos comenzaban a pasar camino de Compostela.